jueves, 25 de febrero de 2010

EL CAZADOR Y LA BALLENA


Nos han llegado novedades de la editorial OQO, destacamos este álbum que nos ha gustado mucho por el poético texto de Paloma Sánchez y las ilustraciones de Iban Barrenetxea que en su primer trabajo en álbum ilustrado nos parece que ha acompañado estupendamente al texto.
A partir de 8 años.



La reseña de la editorial


El cazador y la ballena

Paloma Sánchez & Iban Barrenetxea
14,50 € | 978-84-9871-221-6
40 págs. | cartoné | 22x28 cm |
febrero 2010
Una ballena solitaria que recorre el mar buscando a su manada. Un cazador que la persigue sin descanso y no parará hasta darle alcance. Dos protagonistas, y como escenario el inmenso y misterioso océano.
En un claro homenaje de la autora al clásico de Herman Melville, Moby Dick, y en la línea de la tradición de los mejores relatos de aventuras, Paloma Sánchez firma esta narración épica que OQO editora publica dentro de su Colección Q.
Se trata de una epopeya moderna sobre la lucha de un hombre contra las fuerzas de la naturaleza, pero la obra ofrece además otro nivel de lectura más intimista. Porque esta también es una historia que habla de soledades: la de un viejo lobo de mar en su barco y la de una ballena que un día perdió a su grupo en una tormenta.
La autora fragmenta el discurso narrativo en escenas. Cada una comienza con un verbo: Amanece… o Anoche… seguido de puntos suspensivos. Así sabemos que al día le sucede la noche, y a cada noche otro día, en una sucesión que parece no tener fin. Pero al cazador nada le importa, salvo capturar a su presa. Su obsesión no conoce límites, es eterna.
Iban Barrenetxea, en este primer trabajo como ilustrador de álbum, opta por eliminar cualquier elemento superfluo que pueda distraer la atención de los dos protagonistas de la historia. El marino que dibuja es un hombre recio, curtido, centrado únicamente en su persecución, por eso siempre aparece agarrado a su arpón, incluso cuando duerme.
Junto a esta faceta, el personaje presenta, sobre todo durante la noche, un lado más humano. Entonces el cazador aparece mirando al cielo, fascinado por la belleza que lo rodea, y su aspecto se suaviza mediante el vestuario (camisón y gorro de dormir). En esos momentos ya no desea luchar contra la naturaleza, sino fundirse con ella.
Las ilustraciones tratan de reflejar la soledad de los personajes y también sus estados de ánimo. Para recrear las emociones de los protagonistas, Iban recurre a imágenes surrealistas como mares de hojas, de girasoles, de cadenas… Otras veces son el sol y la luna, con su presencia majestuosa, los que nos dan las pistas para interpretar lo que vemos.
El ilustrador juega con el tamaño de los objetos. Ora son ridículamente pequeños (el minúsculo barco del cazador), ora desmedidamente grandes, como los instrumentos (una brújula, un farol, un catalejo) con los que el cazador trata de localizar sin éxito a la ballena. Con estos guiños introduce una nota de humor y pone de manifiesto, de una manera muy visual, la inutilidad de los esfuerzos del hombre frente al poder de la naturaleza.
Pero el álbum aún nos reserva una sorpresa final: esa imagen enigmática de la guarda que muestra un barco cubierto de hiedras y un arpón abandonado, y que deja en el aire una pregunta para que los lectores la contesten. ¿Qué fue del cazador?

16 comentarios:

  1. Parece precioso... gracias por la recomendación desde el bosque, me pasaré a felicitar a Iban.
    Un abrazo

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  2. Antes que acompañar estupendamente al texto yo diría que las exquisitas ilustraciones de Iban son las que lo sustentan.

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  3. ESTO ME ENCANTA
    que bellas ilustraciones!!!

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  4. Perdona, Jacobo, pero el texto se sustenta por sí mismo, y si te lo lees lo comprobarás: tiene ritmo, poesía, intriga, una estructura elaborada, fuerza... Y es una historia que puede vivir con independencia (eso significa sustentarse). Las preciosísimas ilustraciones de Ibán lo que hacen es darle otra dimensión, otra perspectiva maravillosa a la historia, siendo el conjunto de ambos lo que conforma el álbum como tal, la unidad ,que es algo más que la suma de sus partes. Y lo que me gusta de este álbum es precisamente eso: su unidad.

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  5. Paloma, si opino acerca del libro es porque lo tengo y me leí el texto, obviamente.

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  6. Estoy de acuerdo contigo, Jacobo.

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  7. ¡Qué pasada! Bonito, bonito... La historia me ha encantado. Literatura de la buena, buena... con Mayúsculas. Poética, originalmente narrada, palabras llenas de imágenes... Las maravillosas lustraciones llenan la historia de resonancias, de nuevos ecos. Un álbum para tener.
    ¡Enhorabuena a sus autores!

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  8. Oh, ¡Maravillosos dibujos!!!! Maravillosos!!

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  9. ¡Qué maravillosa historia la de estos dos personajes solitarios!
    soy ilustradora y mi sueño sería tener en mis manos un texto tan lleno de poesía como éste. Enhorabuena a Ibán porque ha conseguido reflejar la belleza de la historia con sus ilustraciones y, por supuesto, gracias a Paloma por este regalo que nos ha hecho a los lectores.

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  10. ¿Los escritores son unos señores y señoras que estropean las bellas ilustraciones de los álbumes con unos garabatos, generalmente negros, a base de 27 símbolos sin ningún interés estético que repiten una y otra vez en algo que llaman pomposamente “palabras”?
    Puede ser, pero ¿quién sería la musa del ilustrador,?¿ quién el compositor de la melodía que el ilustrador orquesta? ¿Qué interpretaría, recrearía, enriquecería o incluso contestaría -bien, excelentemente o con genialidad- el autor de imágenes, si no fuese porque, antes de poner en acción sus lápices, pinceles o paleta gráfica, recibió de uno de esos enojosos/osas calígrafos/afas inhábiles unos personajes, un escenario, un marco temporal, un conflicto narrativo, un estilo, un género y una tonalidad dados por cierta manera de enhebrar las palabras... ?
    El escritor que publica un álbum (también suele publicar novelas o colecciones de cuentos no ilustrados) no es el mero redactor de un texto, sino el creador de una obra.
    No es cuestión de decir que uno es más importante que el otro, que uno tiene más talento que el otro, que uno capta la atención de un “mirador” antes de que éste se convierta en “lector”, que una buena ilustración salva un mal texto (como un buen texto puede eternizar una ilustración mediocre)...

    Esta trifulca entre autores e ilustradores (que raramente la emprenden los autores e ilustradores concernidos, sino advenedizos que vienen con una roncha ajena a pontificar donde no tienen cátedra) no tiene absolutamente ningún sentido.

    Durante décadas la literatura infantil desconoció la importancia de la ilustración, la lectura de imágenes, la capacidad creativa, expresiva y comunicativa de la ilustración... en primer lugar porque se desconocía profundamente al niño pequeño y porque se instrumentalizaba al libro como herramienta de la instrucción y el adoctrinamiento, o como mero divertimento. Todavía hoy hay problemas en el respeto de los derechos del ilustrador, deficiencias en la remuneración, carencias en su valoración y crítica... Pero no vamos a corregir una injusticia creando otra. A la Justicia suele representársela como una señora con los ojos vendados y una balanza en la mano. No confundamos la Justicia con uno de sus atributos: la venda o la inánime balanza. No es colocando al ilustrador por encima del escritor que se va a establecer la verdad: que un ilustrador es un artista pleno, y que solo es bueno cuando domina las leyes de su arte (exactamente lo mismo que un escritor, un músico, un escultor o un piloto de naves espaciales). No es dando al ilustrador el lugar que corresponde al escritor, ni al escritor el lugar que corresponde al ilustrador que se producen buenos álbumes.

    Yo he escrito decenas de libros (aunque solo haya publicado unos veinte) y he ilustrador media decena (no todos publicados), y aunque no he reflexionado demasiado en ello, sé que alguna de mis obras, y muchísimos de los elementos que las componen, han sido inspiradas por imágenes plásticas. Todavía no me ha sucedido, pero sí a otros y espero tener la ocasión, el escribir el texto para una imágenes preexistentes. No me plantea problema alguno ilustrar con mis palabras los dibujos de un buen artista. Y en ese caso nada será más natural ni más justo, ni más respetuoso respecto a la génesis de la obra, que ese artista figure como autor en la tapa y que a mí se me reserve el puesto (¿quién dijo “modesto”) de ilustrador.

    Joel Franz Rosell, escritor (naturalmente), pero también ilustrador debutante

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  11. Mi experiencia en el mundo de la literatura infantil se limita (de momento) a un solo libro. Pero creo que esta experiencia, unida a una muchísimo más amplia como lector, me permite afirmar (espero que sin que se me acuse de tratar de usurpar un lugar que no me corresponde) que un álbum ilustrado no es una obra realizada por “un autor y un ilustrador”. Es el trabajo conjunto de dos autores dando lo mejor de sí para crear algo único donde el conjunto sea superior a la suma de las partes. En un libro de este tipo existe además un tercer elemento, la importantísima labor unificadora que ejercen con su visión los propios editores.

    Si bien existen otras formas literarias donde la ilustración ocupa un lugar más bien ornamental, éste no es en absoluto el caso del álbum ilustrado.

    ¿Es realmente necesario decirlo? Jamás, jamás, he oído a un ilustrador menospreciar la importancia del texto del álbum. La labor del ilustrador comienza muchísimo antes de que el lápiz llegue a rozar el papel. Un ilustrador convive con el texto buscando una asimilación profunda, hasta que llega a sentir el texto como algo propio. Sólo así podrá después aportar su visión y solo así se materializa la magia de este medio. Es algo perfectamente comprendido (y deseado) por los escritores de álbumes infantiles. No creo que la literalidad de lugar a buenos álbumes, la ilustración debe aportar algo.

    Me entristece mucho, muchísimo, que una obra realizada con tanto cariño (por parte de ambos autores) haya dado lugar a una situación desagradable.

    Pero creo que la opinión personal sobre un libro en concreto expresada libremente por un lector, sea éste ilustrador, escritor, piloto de naves espaciales o las tres cosas en una, debe ser respetada sin poner en duda su criterio ni conjurar inexistentes, innecesarias y dolorosas disputas fantasma entre escritores e ilustradores. Dos profesiones —al menos es lo que he pensado hasta ahora— unidas por mucho más que las meras etiquetas (antención, momento "cheesy"): el amor por los libros.

    Personalmente me importa bien poco si alguien me considera un dibujante o un autor (en realidad prefiero ser piloto de nave espacial). Lo importante es la propia creación, el resultado, EL LIBRO; hecho, tal como ya he dicho, con todo el cariño del mundo con el único propósito de ocupar un lugar en el corazón de los lectores.

    Abrazos.

    Iban

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  12. Nuestra intención cuando publicamos entradas de ilustrados es dar a conocer novedades que por una u otra razón nos parecen interesantes, nunca generar polémica.
    Por nuestro trabajo mantenemos contacto por igual con autores e ilustradores y en nuestra librería acogemos a todos con todo nuestro cariño y enorme respeto que merecen por su trabajo.
    Nos gustaría que nuestra imagen en la red fuera una continuación del trabajo que realizamos en Diagonal.
    Agradecemos vuestra participación y comentarios y respetamos todas las opiniones, aunque no las compartamos.

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  13. La labor de ambos creadores es importante cuando hay un proyecto en común, y no resta sino que suma a la creación artística. Efectivamente, un álbum es una unidad, algo más que la suma de sus partes. Sin texto, efectivamente, los dibujos no serían esos, serían otros, contarían otra historia pero no esa precisamente. Sin las ilustraciones, la historia tampoco tendría esa nueva dimensión que adquiere. Me encantan los dibujos de Ibán, como sé que a él le encantó mi texto cuando lo leyó, y creo que los dos hemos trabajado a gusto en este proyecto. No hay más que decir al respecto.
    Abrazos

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  16. Pero Sr. Joel Franz Rosell, la opinión de cualquiera es respetable, sin entrar en el tamaño de su cátedra, lo cual, por cierto, dicen que no importa...
    Si un trabajo que hemos creado no gusta o no convence, debemos aceptar esa opinión con humildad, valorarla si creemos que podemos mejorar nuestra obra, tomarlo como algo constructivo.
    Respecto a lo que ud. comenta sobre que el escritor es el creador de una obra, en el caso del álbum ilustrado, me temo que no es exactamente así; el escritor propone un texto sobre el que el ilustrador trabaja, aportando siempre su propio punto de vista, sus propios recursos. Una buena ilustración es aquella capaz de funcionar por si sola, que cuenta una historia paralela, propia, pero que junto al texto crea una unidad.
    En el álbum ilustrado, como usted probablemente, y dada su dilatada experiencia, ya sabe, el texto es un 50% de la obra, el otro 50% es la ilustración, por lo tanto son dos los autores, y no un autor y un ilustrador. Eso entiendo que también lo conoce, por supuesto.

    No me queda más que felicitar a los autores de El Cazador y la Ballena por este magnífico álbum, que tengo en casa y me deja pasmada cada vez que lo miro.

    Saludos,.

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